¿Las chanclas pueden provocar dolor de espalda? Lo que tu postura intenta decirte este verano
Con la llegada del buen tiempo, las chanclas se convierten en el calzado favorito de millones de personas. Son cómodas, frescas y muy prácticas para ir a la playa, la piscina o dar un paseo corto. Sin embargo, lo que muchas personas desconocen es que un uso prolongado de este tipo de calzado puede tener consecuencias importantes sobre la biomecánica del cuerpo y favorecer la aparición de dolores en los pies, las rodillas, las caderas e incluso la espalda.
En MIBESANA vemos con frecuencia pacientes que, durante los meses de verano, comienzan a notar molestias lumbares, sobrecargas musculares o dolores cervicales sin haber sufrido ningún golpe ni lesión aparente. En muchos casos, uno de los factores que contribuyen a estas molestias es el uso continuado de chanclas.
¿Por qué unas simples chanclas pueden afectar a todo el cuerpo?
Nuestro cuerpo funciona como una cadena biomecánica. Cada articulación influye sobre la siguiente y cualquier alteración en la forma de caminar termina repercutiendo en el resto del organismo.
Las chanclas tradicionales apenas ofrecen sujeción al pie. Para evitar que se desprendan al caminar, los dedos realizan un esfuerzo continuo sujetando la suela. Este gesto, aparentemente insignificante, modifica el patrón natural de la marcha.
Como consecuencia, pueden producirse diferentes cambios biomecánicos:
Disminuye el apoyo estable del pie.
Se altera la longitud del paso.
Aumenta la tensión de la musculatura plantar.
Cambia la distribución de las cargas durante la marcha.
Se incrementan las compensaciones en tobillos, rodillas y caderas.
La pelvis puede perder parte de su equilibrio funcional.
La columna vertebral se adapta a estas compensaciones, favoreciendo la aparición de dolor.
Aunque estos cambios sean pequeños en cada paso, debemos recordar que durante un día podemos caminar miles de pasos. Esa repetición continua hace que el organismo termine acumulando tensiones.
Del pie a la espalda: un efecto dominó
Muchas personas piensan que el dolor lumbar aparece únicamente porque han cogido peso o han realizado un mal movimiento. Sin embargo, en numerosas ocasiones el origen se encuentra mucho más abajo.
Cuando el pie pierde estabilidad, todo el cuerpo busca nuevas estrategias para mantener el equilibrio.
Esto puede provocar:
Sobrecarga de la fascia plantar.
Mayor tensión en los gemelos.
Acortamiento de la musculatura posterior de las piernas.
Incremento de la tensión en los isquiotibiales.
Alteraciones en la movilidad de la pelvis.
Sobrecarga de la musculatura lumbar.
Tensión compensatoria en la espalda y el cuello.
Por este motivo, no es raro que una persona comience el verano con unas simples molestias en los pies y termine semanas después con dolor lumbar o cervical.
¿Quiénes deberían tener especial cuidado?
Aunque cualquier persona puede verse afectada, existen grupos en los que conviene extremar las precauciones:
Personas con fascitis plantar.
Personas con pies planos o pies cavos.
Quienes padecen juanetes.
Personas con espolón calcáneo.
Personas con tendinitis aquílea.
Pacientes con lumbalgia crónica.
Personas con ciática.
Quienes presentan diferencias de longitud entre las piernas.
Personas con artrosis de rodilla o cadera.
Personas con sobrepeso.
Trabajadores que permanecen muchas horas de pie.
En estos casos, caminar durante largos periodos únicamente con chanclas puede aumentar las molestias existentes.
¿Significa esto que las chanclas son malas?
No necesariamente.
Las chanclas cumplen perfectamente su función en determinados momentos. Son una excelente opción para utilizar en piscinas, vestuarios, duchas públicas o para desplazamientos muy cortos en la playa.
El problema aparece cuando se convierten en el calzado habitual durante todo el día.
Caminar varios kilómetros, hacer turismo, ir de compras o pasar toda una jornada laboral con chanclas no suele ser la mejor elección desde el punto de vista biomecánico.
¿Qué tipo de calzado resulta más recomendable?
Siempre que sea posible, conviene elegir un calzado que reúna algunas características básicas:
Buena sujeción del talón.
Estabilidad lateral.
Suela flexible pero con suficiente amortiguación.
Espacio adecuado para los dedos.
Materiales ligeros y transpirables.
Ajuste correcto al pie.
Cada persona tiene unas necesidades diferentes, por lo que no existe un calzado perfecto para todo el mundo.
La importancia de cuidar la musculatura del pie
Nuestros pies contienen decenas de músculos, ligamentos y articulaciones que trabajan constantemente para mantener el equilibrio.
Dedicar unos minutos al día a fortalecerlos puede marcar una gran diferencia.
Algunas recomendaciones sencillas son:
Caminar descalzo sobre superficies seguras y variadas.
Realizar ejercicios de movilidad de los dedos.
Fortalecer la musculatura intrínseca del pie.
Estirar gemelos y fascia plantar.
Mantener una buena movilidad de tobillos.
Estos pequeños hábitos ayudan a que el pie soporte mejor las exigencias del verano.
¿Qué puede hacer la osteopatía?
Desde un enfoque osteopático no solo observamos dónde aparece el dolor, sino por qué ha aparecido.
Cuando una alteración en la forma de caminar modifica el equilibrio del cuerpo, pueden desarrollarse restricciones de movilidad en distintas zonas que perpetúan las molestias.
La valoración osteopática permite estudiar de forma individual la movilidad del pie, el tobillo, la rodilla, la pelvis y la columna para identificar posibles alteraciones funcionales que puedan estar contribuyendo al problema. A partir de esa valoración, el tratamiento se adapta a las necesidades de cada persona con el objetivo de favorecer una mejor movilidad y una función más equilibrada del aparato locomotor.
Es importante recordar que el dolor no siempre se origina en el lugar donde se manifiesta. En muchas ocasiones, una molestia lumbar tiene relación con cambios en la mecánica del pie o de la marcha.
🩴 ¿Cuántas horas al día llevas chanclas en verano? ¿Has notado alguna vez dolor de espalda, pies o piernas después de usarlas? ¡Te leemos en los comentarios! Y si te ha gustado el vídeo, suscríbete al canal para no perderte los próximos consejos de salud de MIBESANA. 💙
Conclusión
Las chanclas forman parte del verano y no es necesario eliminarlas por completo. Sin embargo, utilizarlas durante muchas horas seguidas o para caminar largas distancias puede alterar la forma natural de caminar y favorecer la aparición de molestias en distintas partes del cuerpo.
Escuchar las señales que nos envía nuestro organismo, elegir un calzado adecuado y prestar atención a nuestra postura son medidas sencillas que pueden prevenir muchos problemas.
En MIBESANA creemos que la prevención es la mejor herramienta para disfrutar de un verano activo, saludable y sin dolor.
MIBESANA Terapias Naturales
Miguel Ángel García Arahuetes D.O.
🌐 www.osteopatiamibesana.es
Y recuerda… antes de nada consulta siempre con tu osteópata de confianza.

Comentarios
Publicar un comentario